¡Cómo pasé de la desesperación, de que mi perro no comiera, a la felicidad de verlo con buen apetito!

Las patas de pollo deshidratadas transformaron la salud de mi perro.

Es frustrante salir de casa cada día a trabajar y dejar a mi fiel compañero sin haber probado bocado.

Después de afrontar la tristeza de terminar mi relación con mi pareja, Mateo se convirtió en mi soporte de vida, mi apoyo emocional, es un pequeño poodle que me enamoró desde el mismo instante que tuvimos contacto visual, fue algo mágico, como si estuviéramos destinados el uno para el otro

Adopto a Mateo

Dos caras tristes buscando alegrías en la multitud y de pronto nos encontramos, nuestros rostros cambiaron, mi corazón palpitaba fuerte y constante y su cola no paraba de moverse, saltaba de alegría queriendo superar de alguna forma esa reja de aquel lúgubre refugio para salir a mi encuentro, yo en mis pensamientos ligeros anhelaba salir corriendo a buscar los elementos necesarios para lavar su pequeño y tierno cuerpo, los trámites de la adopción se tornaron incómodos y lentos, valió la pena, después de dos días intranquilos, con pocos momentos de sueño, pero con mucha ilusión, tengo a mi Mateo en casa.

La felicidad en toda su expresión

Después de mi desilusión, mi pequeño y bien decorado apartamento volvió a tener sentido y mi vida propósito, todo cambio para bien, mi semblante cambió, mi trabajo volvió a ser mi mejor entretenimiento y mi entorno lo noto, las flores están más coloridas, las personas me sonríen todo el tiempo, los días soleados me animan a darme un buen paseo con mi Mateo y los lluviosos a un arrunchis, es la felicidad en toda su expresión.

La enfermedad

Pero algo así no elimino mis preocupaciones, me quito unas y me trajo otras, un día Mateo amaneció triste y desanimado, no quería levantarse de su cama, algo le pasaba, debimos acelerar nuestra primera vista al veterinario, quien después de examinarlo y ordenar algunos exámenes le diagnosticó una enfermedad en sus coyunturas y le recetó una comida especial y unos medicamentos, todo salió muy costoso, pero mi amor por Mateo superaba cualquier esfuerzo, eso me acongojó un poco y me puso a buscar en Internet información sobre el tema, encontré infinidad de soluciones, pasando por remedios caseros, terapias y medicamentos, basadas en experiencias vividas por mucha gente, pero ninguna mitigaba las dolencias de mi Mateo, la lucha era interminable.

Somos lo que comemos

Cierto día, dando un paseo, en nuestras salidas matutinas, coincidimos en el lugar con un señor, ya de edad madura, de esos que creen saberlo todo, lo acompañaba una hermosa golden retriever a la cual llamaba Sara, se notaba que existía entre ellos una conexión especial, dentro de lo que conversamos no pudieron faltar las dolencias de Mateo, de lo cual me dijo una frase que me quedó grabada en mi mente “tanto los animales, como los seres humanos, somos lo que comemos”, complementando que el pollo no puede faltar en la dieta de los perros, porque tienes los nutrientes necesarios para fortalecer su estructura ósea especialmente, que las patas de pollo son ricas en colágeno, elemento esencial en su dieta, adicionalmente me comentó que no fuera cocinado, porque la cocción alteraba los beneficios, que me recomendaba productos deshidratados naturalmente. Pensé que era más información a la que había consultado en internet, pero sin respuesta positiva, pero aun así me animé a consultar nuevamente en internet, mi amor por Mateo lo ameritaba todo, encontré información y vi unas horribles fotografías de las patas de pollo, eso no se iba a dar a mi Mateo…

Encontré la solución para las dolencias de Mateo

Seguí consultando el tema del pollo deshidratado naturalmente sin cocinar y encontré a picsabores, expertos en deshidratación de alimentos y tenían pollo deshidratado y las famosas patas, qué maluco probar con eso, pero tenía que darle solución a las molestias de mi Mateo y me atreví a pedir un paquete de patas, no podía controlar mi ansiedad de la llegada de las patas de pollo, llegaban los domicilios de mi comida y me desilusionaba, las patas de pollo para Mateo no llegaban, eso me frustraba, en medio de mi incredulidad, creía en ellas, justo al llegar la noche, llegó el domicilio anhelado, mi desespero por destapar el paquete hizo que regara las 12 patas por todo lado, vi con asombro como Mateo se levantó de su cama y fue lentamente a la que le quedó más cerca y la tomó en sus dientes, la llevó de vuelta a su cama, me miró con mucha ternura, con agradecimiento, no puedo borrar de mi mente esa mirada, no la había sentido antes, después se concentró en su pata, no lo había visto comer algo con tanto agrado, esa noche se comió 3 patas, no permití que comiera más por prevención, desde ese día Mateo come sin problema y puedo salir tranquila a trabajar y no he tenido necesidad de llevarlo al veterinario.